Según mi mamá, en la vida tenemos tres categorías para incluir a las personas que conocemos: Amigos, Amiguitos y Amigotes.
En la primera, los Amigos, puedes contarlos con los dedos de tu mano y te sobran dedos, Son aquellos quienes te acompañan en los momentos buenos y en los malos, en la salud y en la enfermedad, y de acuerdo a mi experiencia, en la depresión y en la alegría.
Los Amiguitos, son aquellos que andan de fiesta contigo y que siempre estarán si se trata de pachanga, que te buscan para pedirte cosas y que son casi siempre, bien simpáticos.
Y por último, los Amigotes. Esos, que te llevan de chelas, que te desvelan, que les vale madre si trabajas al día siguiente, ellos te necesitan y debes estar, pero cuando los buscas, siempre tienen algo más importante qué hacer.
Jamás coincidí con ella en eso, siempre consideré que la gente que me rodeaba me amaba y estaría para mi en el momento en que yo lo necesitara, pero nada más falso.
Soy una persona algo retraída, pero con las compañías correctas, suelo ser muy sociable, ello me ha permitido estar casi siempre rodeada de gente que ríe constantemente de mis tonterías y que siempre me llena de buena vibra.
Entonces, me creí afortunada, incluso, mantengo amistades desde la primaria o secundaria, gente que frecuento y con la que suelo charlar por facebook o en un café.
Hasta que, como dice la canción: llegó el día, el maldito día.
Empecé a cruzar una etapa de profunda depresión y entonces, cambié las sonrisas y la simpatía por tristeza y muchas lágrimas.
Entonces entendí.
Aquellos que juraban ser mis amigos, no estaban. Mis amiguitos y amigotes brillaron por su ausencia y yo, estaba SOLA.
Un par de personas se mantuvieron a mi lado, la mayoría se alejó y los menos, me dijeron que yo era nociva para la salud.
Tenían razón y juro que a ninguno de los que no estuvo, le guardó rencor, al contrario, ahora entiendo que más sabe el diablo por viejo, que por diablo. Mi mamá siempre tuvo razón.
Agradezco a esas personas que se quedaron con toda mi alma, el haber tenido la paciencia y el tiempo para llamar, sonreír, o simplemente, recordarme que ahí estaban y que jamás me dejarían.
Hoy, cada dedo de mi mano tiene un nombre, y aunque no lleno ni una de mis manos, me considero la persona más feliz por haber conocido a quienes hoy, puedo llamar mis Amigos.
La historia comienza cuando traté de contar mi historia. Sin querer, mi blog se llenó de cuentos, realidades, ficciones, amores, desamores, tristezas y alegrías. Esa es la verdadera historia
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19 de abril de 2015
2 de enero de 2015
El brindis.
Hoy levanto mi copa para brindar por:
Todos los que prometieron quedarse y se fueron sin ser echados,
Por esos momentos en los que mi fe se puso a prueba,
Por todas las personas que llegaron a mi vida y no quisieron quedarse,
Por quienes han tenido valor de seguir conmigo sin cuestionarse,
Por quienes me hirieron pero no de muerte,
Por los momentos llenos de luz,
Por los que dejé en el olvido,
Por el pasado que se quedó en el 2014
Por mi futuro,
Por aquellos que me llenan de besos,
Por los sueños por cumplir,
Por las pesadillas,
Por las noches de hospital,
Por quienes alimentan a los que no tienen pan,
Por los ojos llenos de inocencia,
Por las sonrisas,
Por las lágrimas,
Por los viajes,
Por quienes en la distancia, están siempre cerca,
Por las vendas que se cayeron de mis ojos,
Por las heridas que dejaron cicatrices,
Por este nuevo comienzo tan lleno de mi,
Pero sobre todo, por estar viva y poder sentir el abrazo de los que tanto amo.
Gracias Dos Mil Catorce, por tanto y tanto aprendizaje!!
Todos los que prometieron quedarse y se fueron sin ser echados,
Por esos momentos en los que mi fe se puso a prueba,
Por todas las personas que llegaron a mi vida y no quisieron quedarse,
Por quienes han tenido valor de seguir conmigo sin cuestionarse,
Por quienes me hirieron pero no de muerte,
Por los momentos llenos de luz,
Por los que dejé en el olvido,
Por el pasado que se quedó en el 2014
Por mi futuro,
Por aquellos que me llenan de besos,
Por los sueños por cumplir,
Por las pesadillas,
Por las noches de hospital,
Por quienes alimentan a los que no tienen pan,
Por los ojos llenos de inocencia,
Por las sonrisas,
Por las lágrimas,
Por los viajes,
Por quienes en la distancia, están siempre cerca,
Por las vendas que se cayeron de mis ojos,
Por las heridas que dejaron cicatrices,
Por este nuevo comienzo tan lleno de mi,
Pero sobre todo, por estar viva y poder sentir el abrazo de los que tanto amo.
Gracias Dos Mil Catorce, por tanto y tanto aprendizaje!!
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8 de septiembre de 2014
Unread II
No sé cómo actuar contigo.
Sé por lo que estás pasando pues es la misma cosa en la que viví atrapada varios años.
Comprendo que no puedo evitarte el dolor, que no puedo hacer nada para que vivas ese duelo y que no encontraré palabras para que sientas, al menos, un poco menos de tristeza.
Llevo días tratando de decirte cómo es que me siento yo con lo que hemos vivido pero no encuentro la forma correcta.
Quizá no la haya y eso me asusta.
Me asusta perderte (de nuevo).
Aunque siempre supe que lo nuestro no funcionaria, no puedo no sentir lo que estoy sintiendo.
Creo que es solamente, que me he vuelto a enamorar de ti.
Ni siquiera yo sé como debería interpretar eso, no espero que lo hagas tu.
Entendí, hace unos meses, que la persona de la que me enamore antes, nada tiene qué ver con quien eres en realidad. Entendí también, que en realidad, no te conocía. Que fue un amor al vapor y un tanto absurdo.
Hoy, te conozco, Sé quien eres y cómo eres, Conozco lo peor de ti y aún así, te amo.
Quiero estar todo el tiempo contigo, quiero llevarte a dónde quiera que voy, quiero llamarte todo el tiempo "decirte que el tráfico es terrible, que el perro no quiso comer hoy"...
Quiero ser parte de ti, quiero ser uno más de tus defectos.
Y entonces, cuando estoy por decírtelo, por escribirte la mejor de mis cartas, me dices que jamás te enamorarás de nuevo, que incluso a mi lado sigues pensando en ella, que nada he hecho por que te sientas mejor. Y me derrumbo.
Y no te lo digo.
Pero cuando estoy sola, en silencio, lloro. Lloro por que me duele que no me quieras, que no seas ni un poco observador, que no te hayas dado cuenta de que cuando digo te amo, lo digo estúpidamente en serio.
No es tu culpa, lo sé.
Entiendo que solo te estoy haciendo mal, que este amor tan enfermo solo te perjudica, que mi afán de protegerte solo te está enfermando más...
No quiero despedirme, por que seguiré aquí para ti, como lo prometí.
Solo, empezaré a respetar tu dolor, a no obligarte a estar cerca de mi, dejaré de perseguirte, de atosigarte.
Discúlpame, jamás quise hacerte daño.
Amo tus ojos tristes y tus manos frías.
Amo lo que eres en verdad.
No mentí la primera vez, cuando te dije que te amaría siempre y a pesar de todo...
Sé por lo que estás pasando pues es la misma cosa en la que viví atrapada varios años.
Comprendo que no puedo evitarte el dolor, que no puedo hacer nada para que vivas ese duelo y que no encontraré palabras para que sientas, al menos, un poco menos de tristeza.
Llevo días tratando de decirte cómo es que me siento yo con lo que hemos vivido pero no encuentro la forma correcta.
Quizá no la haya y eso me asusta.
Me asusta perderte (de nuevo).
Aunque siempre supe que lo nuestro no funcionaria, no puedo no sentir lo que estoy sintiendo.
Creo que es solamente, que me he vuelto a enamorar de ti.
Ni siquiera yo sé como debería interpretar eso, no espero que lo hagas tu.
Entendí, hace unos meses, que la persona de la que me enamore antes, nada tiene qué ver con quien eres en realidad. Entendí también, que en realidad, no te conocía. Que fue un amor al vapor y un tanto absurdo.
Hoy, te conozco, Sé quien eres y cómo eres, Conozco lo peor de ti y aún así, te amo.
Quiero estar todo el tiempo contigo, quiero llevarte a dónde quiera que voy, quiero llamarte todo el tiempo "decirte que el tráfico es terrible, que el perro no quiso comer hoy"...
Quiero ser parte de ti, quiero ser uno más de tus defectos.
Y entonces, cuando estoy por decírtelo, por escribirte la mejor de mis cartas, me dices que jamás te enamorarás de nuevo, que incluso a mi lado sigues pensando en ella, que nada he hecho por que te sientas mejor. Y me derrumbo.
Y no te lo digo.
Pero cuando estoy sola, en silencio, lloro. Lloro por que me duele que no me quieras, que no seas ni un poco observador, que no te hayas dado cuenta de que cuando digo te amo, lo digo estúpidamente en serio.
No es tu culpa, lo sé.
Entiendo que solo te estoy haciendo mal, que este amor tan enfermo solo te perjudica, que mi afán de protegerte solo te está enfermando más...
No quiero despedirme, por que seguiré aquí para ti, como lo prometí.
Solo, empezaré a respetar tu dolor, a no obligarte a estar cerca de mi, dejaré de perseguirte, de atosigarte.
Discúlpame, jamás quise hacerte daño.
Amo tus ojos tristes y tus manos frías.
Amo lo que eres en verdad.
No mentí la primera vez, cuando te dije que te amaría siempre y a pesar de todo...
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21 de agosto de 2014
LA historia.
Escribí una historia hace años, una historia que quedó en continuación y a la que nunca quise darle un final definitivo. Mi historia estaba escrita a dos manos.
En verdad, ninguno de los dos quiso terminarla, solo la arrumbamos en algún estúpido rincón.
O quizá él puso en punto final y yo le agregué dos más.
Nunca dejé de pensarlo.
Han pasado, no sé, muchos pares de años.
Y esta historia se estrelló en mi cara un frío día de diciembre.
Ahora, más por mi gusto que por el suyo, he continuado con la historia.
En realidad, pensé que la escribía, que la controlaba, que podía manejarla, pero no.
Ella es quien ha dictado cómo deben ser las cosas, qué es lo que debe ir sucediendo y lo peor es que los sentimientos que ha despertado en mi no son normales.
Mi historia debe tener un punto final, sin embargo, cada que lo escribo, me lleva de la mano a convertirlo en un punto y seguido, incluso a veces, un punto y aparte, pero nunca final.
Miles de sentimientos que ni siquiera sabía que existían se han estado arremolinando dentro de mi y no sé por dónde debo empezar a acomodarlos.
No es una historia de amor, pero a veces lo parece.
En momentos, pareciera una historia de terror y en cuando menos lo esperas, tiene algo de acción y mucho de suspenso.
Ya no sé si quiero.
Me he convertido en el personaje más borroso de cualquier historia y a la vez, el más fuerte.
Ya no quiero ser la fuerte.
Y como le hago?
Como le quito el control a la historia y retomo la pluma y el papel?
En qué momento dejé que me conquistara?
No me asusta, pero, no lo quiero.
No lo quiero por que se parece en muchos párrafos a la historia que terminé y que lejos de olvidarla, me ha marcado de por vida.
Esa historia que quise arrancar del libro y que trate incluso, de quemar de todas las maneras.
No la quiero.
Así que, cómo se convierte uno en escritor?
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1 de junio de 2014
Dejar de arder...
Llevo días tratando de definir mi futuro.
Me había dado varios plazos y las fechas están cada vez más próximas.
He decidido que cambiaré de techo, y lo que parecía solo un cambio moderado, se ha tornado en algo más radical.
No solo cambiaré de casa, si no de Estado.
Si las cosas salen como en realidad espero, pronto, mis despertares serán de otro color, y esta ciudad, será un lugar que visitaré constantemente...
Dicen que uno pertenece al lugar de dónde no se quiere ir y eso me pasó.
Encontré un lugar a dónde quiero pertenecer, de dónde no quiero irme y en dónde quizá, me espere ese nuevo comienzo que tanto busqué.
¿Quien lo diría?
Ahí, es dónde jamás creí querer quedarme.
Pasé mi vida jurando que jamás dejaría ésta ciudad, que ademas de ser de las más grandes del mundo, es en la que nací y que reboza de lugares hermosos, lugares mágicos...
Y simplemente así, de la nada, elegí un nuevo destino. Elegí dejar mis historias como están hasta hoy, a cada una le he dado el final que le correspondía y les he regalado la libertad de bailar entre murmullos, de pasearse entre la gente, en el metro, en los puentes, de tallarse en las paredes en las que muchas fueron escritas y hasta de esconderse en aquellos hoteles en que algunas terminaron.
No huyo.
Ahora estoy consciente de que habrá problemas pero los resolveré, dejaré mi pasado en el pasado, lo respetaré por lo qeu fue pero no lo llevaré conmigo. Tengo un presente lleno de incertidumbre pero no tengo miedo, ahora, voy dispuesta a escribir nuevas historias, no me llevo nada ni a nadie, me voy sola, con mi maleta casi vacía, me llevo el amor que repartí y la esperanza de seguir construyéndome cada día, la seguridad de soportar lo que venga y la fuerza para seguir siempre adelante.
Es momento de dejar de arder y por fin, resurgir de las cenizas...
Me había dado varios plazos y las fechas están cada vez más próximas.
He decidido que cambiaré de techo, y lo que parecía solo un cambio moderado, se ha tornado en algo más radical.
No solo cambiaré de casa, si no de Estado.
Si las cosas salen como en realidad espero, pronto, mis despertares serán de otro color, y esta ciudad, será un lugar que visitaré constantemente...
Dicen que uno pertenece al lugar de dónde no se quiere ir y eso me pasó.
Encontré un lugar a dónde quiero pertenecer, de dónde no quiero irme y en dónde quizá, me espere ese nuevo comienzo que tanto busqué.
¿Quien lo diría?
Ahí, es dónde jamás creí querer quedarme.
Pasé mi vida jurando que jamás dejaría ésta ciudad, que ademas de ser de las más grandes del mundo, es en la que nací y que reboza de lugares hermosos, lugares mágicos...
Y simplemente así, de la nada, elegí un nuevo destino. Elegí dejar mis historias como están hasta hoy, a cada una le he dado el final que le correspondía y les he regalado la libertad de bailar entre murmullos, de pasearse entre la gente, en el metro, en los puentes, de tallarse en las paredes en las que muchas fueron escritas y hasta de esconderse en aquellos hoteles en que algunas terminaron.
No huyo.
Ahora estoy consciente de que habrá problemas pero los resolveré, dejaré mi pasado en el pasado, lo respetaré por lo qeu fue pero no lo llevaré conmigo. Tengo un presente lleno de incertidumbre pero no tengo miedo, ahora, voy dispuesta a escribir nuevas historias, no me llevo nada ni a nadie, me voy sola, con mi maleta casi vacía, me llevo el amor que repartí y la esperanza de seguir construyéndome cada día, la seguridad de soportar lo que venga y la fuerza para seguir siempre adelante.
Es momento de dejar de arder y por fin, resurgir de las cenizas...
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17 de mayo de 2014
Diez y siete cero cinco
Era un sábado, como hoy, hace seis años.
Tocó la puerta y cuando abrí, un enorme ramo de rosas rojas apareció frente a mis ojos.
Escuché un suave "¿Quieres ser mi novia?" y sus negros ojos aparecieron tras aquellas flores.
No le respondí, solo lo besé.
Me colgué de su cuello y me preguntó: "¿Es un sí?"
Y hasta entonces dije: ¡sí!
Así comenzó.
Hoy se cumple un año más de aquello aunque él ya no está.
Ni la que era yo.
Esa historia se terminó hace tres años y yo, yo construyo una nueva cada día que abro los ojos.
Voy un día a la vez, como los alcohólicos.
El final del cuento fue un accidente fatídico del que aún no me recupero, del que aún me duelen las heridas, del que quedé marcada con cicatrices imborrables por todo el cuerpo... del que apenas sobreviví.
Hoy, le lloro a ese recuerdo, pero no a esos ojos.
Le he llorado a lo que fue y ya no será.
Hoy, le lloro a la que fui.
Tocó la puerta y cuando abrí, un enorme ramo de rosas rojas apareció frente a mis ojos.
Escuché un suave "¿Quieres ser mi novia?" y sus negros ojos aparecieron tras aquellas flores.
No le respondí, solo lo besé.
Me colgué de su cuello y me preguntó: "¿Es un sí?"
Y hasta entonces dije: ¡sí!
Así comenzó.
Hoy se cumple un año más de aquello aunque él ya no está.
Ni la que era yo.
Esa historia se terminó hace tres años y yo, yo construyo una nueva cada día que abro los ojos.
Voy un día a la vez, como los alcohólicos.
El final del cuento fue un accidente fatídico del que aún no me recupero, del que aún me duelen las heridas, del que quedé marcada con cicatrices imborrables por todo el cuerpo... del que apenas sobreviví.
Hoy, le lloro a ese recuerdo, pero no a esos ojos.
Le he llorado a lo que fue y ya no será.
Hoy, le lloro a la que fui.
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17 de abril de 2014
Cuerda floja.
No me había dado cuenta de que me siento perdida.
Hoy, estoy empacando para escapar un poco de la rutina.
Los últimos días han sido fuertes, confusos y en realidad, complicados.
Me he dado cuenta, que después de que sufres un dolor emocional tan grande, es dificil volver a funcionar bien por completo, que cuando escuchas cierta voz, ciertas palabras, cuando cierto aroma te envuelve, tu vida vuelve a caminar sobre una cuerda floja.
Y mi corazón se sintió así.
No quise aceptarlo, no pude verlo.
Hoy un par de lágrimas me lo contaron.
Tomo mi maleta para alejarme de todos, y es que, alguien en particular, me ha hecho dudar de mi.
Es él, de quien hoy quiero escapar.
De sus ojos, su aroma, su boca y de lo cerca que está. No quiero enamorarme, lo he decidido.
Voy a dejarlo descansar y a apartarlo de mi.
No voy a cometer ese error de nuevo. No valdría la pena.
Apago mi swich esperando que cuando vuelva a encender el motor, sea para saltar de la cuerda, para dar una pirueta y quedar de pie.
Hoy, cierro esta puerta por que es necesario, por que lo necesito y por que así lo quiero.
Escribo este final por que el primero, no me gustó.
Se acabó.
Apaguen la luz...
Hoy, estoy empacando para escapar un poco de la rutina.
Los últimos días han sido fuertes, confusos y en realidad, complicados.
Me he dado cuenta, que después de que sufres un dolor emocional tan grande, es dificil volver a funcionar bien por completo, que cuando escuchas cierta voz, ciertas palabras, cuando cierto aroma te envuelve, tu vida vuelve a caminar sobre una cuerda floja.
Y mi corazón se sintió así.
No quise aceptarlo, no pude verlo.
Hoy un par de lágrimas me lo contaron.
Tomo mi maleta para alejarme de todos, y es que, alguien en particular, me ha hecho dudar de mi.
Es él, de quien hoy quiero escapar.
De sus ojos, su aroma, su boca y de lo cerca que está. No quiero enamorarme, lo he decidido.
Voy a dejarlo descansar y a apartarlo de mi.
No voy a cometer ese error de nuevo. No valdría la pena.
Apago mi swich esperando que cuando vuelva a encender el motor, sea para saltar de la cuerda, para dar una pirueta y quedar de pie.
Hoy, cierro esta puerta por que es necesario, por que lo necesito y por que así lo quiero.
Escribo este final por que el primero, no me gustó.
Se acabó.
Apaguen la luz...
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27 de marzo de 2014
Sigue el viaje...
Sigue mi recorrido por el país y ahora, me pasé cerca de 4 semanas en Huauchinango, Puebla.
Confieso que me la he pasado increíble y que además, la gente de la que me vi rodeada, además de amable, ha sido clave en mi aprendizaje de temas diversos, pero sobre todo, personales.
Nunca he empatado con aquellos que hablan de politica, cambios, revoluciones, pobreza o cualquier otro tema que requiera involucrarse, si no lo hacen involucrados.
Los cambios siempre requerirán de esfuerzo, lo sé.
No es lo mismo hablar de pobreza, que vivir en ella o compartir el pan con quienes la padecen.
No será nunca lo mismo, compartir información en facebook, que salir a la calle a enseñar a la gente.
No sabes la riqueza de tu país, si no te pierdes entre sus campos, en sus caminos o en sus montañas...
Hoy mis ideas se van aclarando.
Mantengo la postura y ahora, hablo de cosas que conozco.
Comparto el pan con niños que llevan días sin comer, me siento a la mesa de mujeres que cargan a sus bebés en rebozos de colores mientras echan tortillas, recorro enormes distancias con gente que busca comunidades para enseñarles, para ponerlos al pie de lucha y para contarles, que pueden tener ayuda si se organizan.
Les hablan de cambio, de revolución, de gobiernos injustos y les explican que aún les quedan opciones, que sí hay caminos y que tienen derechos.
Increible! Muchos no saben que tienen derechos.
Pero así pasaron esos días allá, caminando entre el lodo, abordando un auto movido entre la espesa niebla de los cerros, caminando entre matorrales como en las peliculas, haciendome entender entre personas que solo hablan nahuatl, entre personas que no saben escribir ni leer...
Y mantengo la esperanza, hay mucho trabajo, hay caminos, hay oportunidad, solo falta decidirnos y cambiar, involucrarnos y sobre todo, comprometernos.
Así van pasando mis días, aprendiendo, conociendo y esperanzando...
Confieso que me la he pasado increíble y que además, la gente de la que me vi rodeada, además de amable, ha sido clave en mi aprendizaje de temas diversos, pero sobre todo, personales.
Nunca he empatado con aquellos que hablan de politica, cambios, revoluciones, pobreza o cualquier otro tema que requiera involucrarse, si no lo hacen involucrados.
Los cambios siempre requerirán de esfuerzo, lo sé.
No es lo mismo hablar de pobreza, que vivir en ella o compartir el pan con quienes la padecen.
No será nunca lo mismo, compartir información en facebook, que salir a la calle a enseñar a la gente.
No sabes la riqueza de tu país, si no te pierdes entre sus campos, en sus caminos o en sus montañas...
Hoy mis ideas se van aclarando.
Mantengo la postura y ahora, hablo de cosas que conozco.
Comparto el pan con niños que llevan días sin comer, me siento a la mesa de mujeres que cargan a sus bebés en rebozos de colores mientras echan tortillas, recorro enormes distancias con gente que busca comunidades para enseñarles, para ponerlos al pie de lucha y para contarles, que pueden tener ayuda si se organizan.
Les hablan de cambio, de revolución, de gobiernos injustos y les explican que aún les quedan opciones, que sí hay caminos y que tienen derechos.
Increible! Muchos no saben que tienen derechos.
Pero así pasaron esos días allá, caminando entre el lodo, abordando un auto movido entre la espesa niebla de los cerros, caminando entre matorrales como en las peliculas, haciendome entender entre personas que solo hablan nahuatl, entre personas que no saben escribir ni leer...
Y mantengo la esperanza, hay mucho trabajo, hay caminos, hay oportunidad, solo falta decidirnos y cambiar, involucrarnos y sobre todo, comprometernos.
Así van pasando mis días, aprendiendo, conociendo y esperanzando...
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22 de febrero de 2014
Viajando
Ayer llegué a Tlaxcala, confieso que las experiencias que viví no fueron agradables por que el cansancio y la frustración resultan en algo poco agradable.
Confieso que no todo fue malo, pues, Tlaxcala ha limpiado su nombre en lo que a mi respecta.
Es un lugar hermoso, provinciano y que me regaló un gran amanecer hoy mientras viajaba.
Organización es la base de la mayorías de los procesos.
Anoche, despues de llegar al hotel de paso en el que me quedé, sentí una profunda soledad y mucha, mucha decepción, entonces, llegó un mensaje de Tom, preocupado por mi.
Saber que alguien en la distancia te echa de menos, te aligera la carga.
No parecía tan buena idea andar viajando, pero, en la mañana, todo pintaba diferente.
Y cambió.
Hoy estoy aún en tlaxcala, en un municipio más pintoresco y de gente amable. Me gusta sentirme bien recibida y atendida aunque sea entre desconocidos.
No hay mal que por bien no venga y yo, voy aprendiendo.
Aprendo que mantener la calma en los malos momentos es básico para salir de ellos y que, es verdad que el 99% de la gravedad de los problemas es la actitud con la que los afrontas y que la ayuda, a veces, llega de quien menos te lo esperas.
No sé, creo que esto tambien está contribuyendo a mi ENORME proceso a la madurez.
Quizá hoy, soy menos oruga y más mariposa...
Confieso que no todo fue malo, pues, Tlaxcala ha limpiado su nombre en lo que a mi respecta.
Es un lugar hermoso, provinciano y que me regaló un gran amanecer hoy mientras viajaba.
Organización es la base de la mayorías de los procesos.
Anoche, despues de llegar al hotel de paso en el que me quedé, sentí una profunda soledad y mucha, mucha decepción, entonces, llegó un mensaje de Tom, preocupado por mi.
Saber que alguien en la distancia te echa de menos, te aligera la carga.
No parecía tan buena idea andar viajando, pero, en la mañana, todo pintaba diferente.
Y cambió.
Hoy estoy aún en tlaxcala, en un municipio más pintoresco y de gente amable. Me gusta sentirme bien recibida y atendida aunque sea entre desconocidos.
No hay mal que por bien no venga y yo, voy aprendiendo.
Aprendo que mantener la calma en los malos momentos es básico para salir de ellos y que, es verdad que el 99% de la gravedad de los problemas es la actitud con la que los afrontas y que la ayuda, a veces, llega de quien menos te lo esperas.
No sé, creo que esto tambien está contribuyendo a mi ENORME proceso a la madurez.
Quizá hoy, soy menos oruga y más mariposa...
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18 de febrero de 2014
Fiebre de sábado por la noche.
Pensé que el sábado sería un día de completo descanso, me estaba enfermando de gripa y me sentía en realidad agotada de las compras que hice.
Sonó mi teléfono a eso de las ocho. Tenía que ir a la oficina a revisar que todo estuviera funcionando perfecto.
Salí de casa con los audífonos puestos y tomé primero el microbus y después el metro. Transbordé en Pino Suarez y tome la línea rosa. Llegué a Insurgentes y caminé hacia la calle donde está el Cuartel.
Mientras caminaba por la glorieta, me acordé de cuando conocí a Roberto. Era un tipo estúpidamente guapo que vendía inciensos para ganarse la vida. Era venezolano y había venido aquí a probar suerte. Según supe, vivía en un departamento con otras diez personas, consumía drogas de vez en cuando y había dejado la universidad buscando forjarse un futuro en México. Tenía ideas políticas muy radicales y un alma libre. Me encantaba. Un día desapareció.
Sonreí mientras en mis oídos sonaba "yumaye".
Me vi a mi misma diez años atrás. Tomaba el mismo camino, caminaba exactamente sobre los mismos pasos y me sentía, casi de la misma forma. Sin encajar del todo.
Tres años de la carrera caminé esas calles.
Y ahora, de nuevo, se volvían mías.
Miré el edificio dónde siempre he querido vivir, llegue a la entrada del Cuartel y me acordé de aquella gente que me daba miedo (ahora es la gente con la que trabajo y a la que le sonrío cada día), de la gente que consideré un montón de perdedores (que ahora son mis jefes), de aquello que creí que estaba tan lejana que jamás me tocaría (y de lo que hoy me da de comer)...
Cuanto cambia la vida mientras pasas de estudiar, a ganarte la vida con tu propio esfuerzo!
Cuanto cambia tu perspectiva y cuanto te doblega la vida!
Que humilde te vuelves si entiendes lo que la vida trata de decirte y qué fuerte te tornas cuando nada sale como esperabas...
No sé si es mi exceso de reflexión de estos días, pero, me alegré de estar dónde estoy, de tener un trabajo, de ganarme la vida aceptando cada reto que aparece, de no avergonzarme de lo que hago y, como dice mi doc, ser consciente de que cada trabajo dignifica.
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15 de febrero de 2014
Yo no quiero Catorce de Febrero...
...Ni cumpleaños Feliz, dice Sabina.
y yo andaba exactamente en ese mood.
Cuando eres soltero por decisión de tu ex, la verdad es que viajar en el metro entre globos, muñequitos de peluche y novios metiéndose mano, se convierte en una verdadera tortura.Sin embargo a mi me pasó algo muy curioso.
Mientras corría a la oficina por la tarde, me di cuenta de que era un día más. No envidié a los novios metiéndose mano, ni a las que recibieron flores, ni a quienes llevaron a comer tacos (bueno, a esos sí), al contrario, pensé que todos ellos eran quienes debían serntir envidia por mi.
No, no es mi ego, es que por fin, le di sentido a eso del amor y la amistad.
El catorce de febrero para muchos, se convirtió en una fecha creada por el marketing, para otros, un día en el que el mundo expía sus culpas y para los solteros, en el día que más odian por andar de #foreveralone.
Para mi no es nada de lo anterior. Nunca lo fue. Siempre me pareció un buen pretexto para dar regalitos o mandar cartas de amor a esas personas a las que jamás me atreví a hablarles en el día a día.
Pero ayer, todo cobró un nuevo sentido.
BS y yo caminábamos por la zona rosa, yo salía de la oficina y nos disponíamos a cenar, ella odiaba cada pareja enamorada que nos topabamos y yo me reí cuando un ENORME oso de peluche me atropelló.Creo que fue justo ahí cuando pasó.
Me di cuenta que no solo no odiaba el día del amor y la amistad, si no que, de verdad, me parecía un día más. Hice un recuento mental.
Entendí que el AMOR es que alguien tome tu mano mientras estás enfermo, que escuches una voz familiar al teléfono mientras te encuentras lejos y te digan que te extrañan, es que te acepten con tu millón de defectos, es acariciar su cabello mientras te cuenta lo que le preocupa, es abrir la puerta y encontrarte con una orden de tacos al pastor, es que mientras sientes que el mundo se derrumba él tomé tu mano y te prometa que todo estará bien, es poner un curita en una rodilla raspada, es secar lágrimas...
Que la AMISTAD es que alguien a quien no te une un lazo de sangre permanezca a tu lado en la peor de tus tormentas, que te responda una llamada a las 3am por que sabe que estás triste, que te mande un mensaje con carita feliz solo por que sí, que sea tu cómplice incluso si vas a destrozar el auto de tu ex, que te visite de madrugada por que no sabía a quien recurrir, que te acompañe a comprar maquillaje aunque él no lo use, que te haga reír cuando no tienes ganas, que levante tu animo cuando él se siente peor, que te saque de casa para orearte cuando te enmoheces, que te obligue a bañarte cuando andas depre, que te compre nachos cuando van al cine, que nunca, nunca, te abandone.
Y eso, eso jamás pasa un Catorce de Febrero...
y yo andaba exactamente en ese mood.
Cuando eres soltero por decisión de tu ex, la verdad es que viajar en el metro entre globos, muñequitos de peluche y novios metiéndose mano, se convierte en una verdadera tortura.Sin embargo a mi me pasó algo muy curioso.
Mientras corría a la oficina por la tarde, me di cuenta de que era un día más. No envidié a los novios metiéndose mano, ni a las que recibieron flores, ni a quienes llevaron a comer tacos (bueno, a esos sí), al contrario, pensé que todos ellos eran quienes debían serntir envidia por mi.
No, no es mi ego, es que por fin, le di sentido a eso del amor y la amistad.
El catorce de febrero para muchos, se convirtió en una fecha creada por el marketing, para otros, un día en el que el mundo expía sus culpas y para los solteros, en el día que más odian por andar de #foreveralone.
Para mi no es nada de lo anterior. Nunca lo fue. Siempre me pareció un buen pretexto para dar regalitos o mandar cartas de amor a esas personas a las que jamás me atreví a hablarles en el día a día.
Pero ayer, todo cobró un nuevo sentido.
BS y yo caminábamos por la zona rosa, yo salía de la oficina y nos disponíamos a cenar, ella odiaba cada pareja enamorada que nos topabamos y yo me reí cuando un ENORME oso de peluche me atropelló.Creo que fue justo ahí cuando pasó.
Me di cuenta que no solo no odiaba el día del amor y la amistad, si no que, de verdad, me parecía un día más. Hice un recuento mental.
Entendí que el AMOR es que alguien tome tu mano mientras estás enfermo, que escuches una voz familiar al teléfono mientras te encuentras lejos y te digan que te extrañan, es que te acepten con tu millón de defectos, es acariciar su cabello mientras te cuenta lo que le preocupa, es abrir la puerta y encontrarte con una orden de tacos al pastor, es que mientras sientes que el mundo se derrumba él tomé tu mano y te prometa que todo estará bien, es poner un curita en una rodilla raspada, es secar lágrimas...
Que la AMISTAD es que alguien a quien no te une un lazo de sangre permanezca a tu lado en la peor de tus tormentas, que te responda una llamada a las 3am por que sabe que estás triste, que te mande un mensaje con carita feliz solo por que sí, que sea tu cómplice incluso si vas a destrozar el auto de tu ex, que te visite de madrugada por que no sabía a quien recurrir, que te acompañe a comprar maquillaje aunque él no lo use, que te haga reír cuando no tienes ganas, que levante tu animo cuando él se siente peor, que te saque de casa para orearte cuando te enmoheces, que te obligue a bañarte cuando andas depre, que te compre nachos cuando van al cine, que nunca, nunca, te abandone.
Y eso, eso jamás pasa un Catorce de Febrero...
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12 de febrero de 2014
Cumpleaños Feliz
"La edad no es cosa de años, es cosa de experiencias" le dije a Billy cuando recién lo conocí.
"Estoy de acuerdo, se trata de las cosas que vives y lo que aprendes de ellas, no del número de años" me contestó.
Fue nuestra última charla.
Me habría gustado conocerlo más, pero hay personas y cosas que suceden solo una vez. Él era de esas.
Si tuviera que asignarme una edad basándome en las experiencias, diría que tengo cerca de ochenta o tal vez más sin embargo apenas cuento 33.
Estos días he estado haciendo un resumen de las historias que he vivido y me di cuenta que no me arrepiento de ninguna.
Cada lección aprendida ha tenido un costo alto y, sin bronca, lo cubriría una y otra vez.
Tengo excelentes historias, algunas divertidas, otras de verdad conmovedoras, pero las lecciones, las mejores, me han dejado con el cuerpo descarnado y las heridas supurando y a pesar de todo, he sobrevivido.
Y sigo. Sigo adelante, con sueños, con esperanzas, con expectativas, con ilusiones, con proyectos, con aquellas cosas que jamás se harán realidad, pero de las que he tenido que agarrarme con todas mis fuerzas para levantarme una y otra vez...
Roy decía que si yo hubiera sido bonita, jamás me habría convertido en la persona que soy y tiene razón.
Soy uno de esos libros que tienes que comenzar a leer para decidir si te gusta o no.
Y es justo mi pasta la que me ha llevado a vivir lo que he vivido, a formar mi filosofía de la vida, a decidir lo que quiero y lo que no, lo que me ha guiado, lo que me ha enseñado a no ser pero también, lo que en su momento, me llevó a convertirme en todo lo que odié.
Soy un amasijo de experiencias, defectos, virtudes, risas, sueños, planes, lágrimas y alcohol. Me he añejado ya treinta y tres años, y nunca, jamás, me había sentido tan feliz.
Así que, Salud! Por cada año vivido y por cada experiencia adquirida, por todo aquello que nunca tendré, por aquellos que no han querido quedarse, por los que un día me dejaron de amar y por quienes sucedieron una vez.
Gracias a cada uno por que sin ustedes, no sería quien soy ni sabría el inmenso valor que tengo, mucho menos sabría que en el peor momento de la tormenta puedo estar llena de paz.
Y a quienes suceden cada día a mi lado, no tengo palabras para agradecer su abrigo y su amor.
"Estoy de acuerdo, se trata de las cosas que vives y lo que aprendes de ellas, no del número de años" me contestó.
Fue nuestra última charla.
Me habría gustado conocerlo más, pero hay personas y cosas que suceden solo una vez. Él era de esas.
Si tuviera que asignarme una edad basándome en las experiencias, diría que tengo cerca de ochenta o tal vez más sin embargo apenas cuento 33.
Estos días he estado haciendo un resumen de las historias que he vivido y me di cuenta que no me arrepiento de ninguna.
Cada lección aprendida ha tenido un costo alto y, sin bronca, lo cubriría una y otra vez.
Tengo excelentes historias, algunas divertidas, otras de verdad conmovedoras, pero las lecciones, las mejores, me han dejado con el cuerpo descarnado y las heridas supurando y a pesar de todo, he sobrevivido.
Y sigo. Sigo adelante, con sueños, con esperanzas, con expectativas, con ilusiones, con proyectos, con aquellas cosas que jamás se harán realidad, pero de las que he tenido que agarrarme con todas mis fuerzas para levantarme una y otra vez...
Roy decía que si yo hubiera sido bonita, jamás me habría convertido en la persona que soy y tiene razón.
Soy uno de esos libros que tienes que comenzar a leer para decidir si te gusta o no.
Y es justo mi pasta la que me ha llevado a vivir lo que he vivido, a formar mi filosofía de la vida, a decidir lo que quiero y lo que no, lo que me ha guiado, lo que me ha enseñado a no ser pero también, lo que en su momento, me llevó a convertirme en todo lo que odié.
Soy un amasijo de experiencias, defectos, virtudes, risas, sueños, planes, lágrimas y alcohol. Me he añejado ya treinta y tres años, y nunca, jamás, me había sentido tan feliz.
Así que, Salud! Por cada año vivido y por cada experiencia adquirida, por todo aquello que nunca tendré, por aquellos que no han querido quedarse, por los que un día me dejaron de amar y por quienes sucedieron una vez.
Gracias a cada uno por que sin ustedes, no sería quien soy ni sabría el inmenso valor que tengo, mucho menos sabría que en el peor momento de la tormenta puedo estar llena de paz.
Y a quienes suceden cada día a mi lado, no tengo palabras para agradecer su abrigo y su amor.
SALUD!!!
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Yo
6 de enero de 2014
Dos Mil Trece.
A mi los números impares no me funcionan, aunque, tampoco los pares.
Mi número de suerte es el ocho, nací el segundo mes del año, día impar, de un año impar pero bisiesto.
Una de las mayores hecatombes en mi vida, sucedió un año par. Dos mil diez para ser exactos.
Ese año, en el onceavo mes, caí en un coma profundo. Un coma que me duró tres años. Un coma figurado, pero no por eso, menos grave.
El rompimiento con una persona a la creí el amor de mi vida, fue tan doloroso que a partir de ese momento no supe más de mi.
Perdí la consciencia, la razón, las ganas de vivir y cada uno de mis sentidos.
Era como un zombie. Me arrastraba, lloraba todo el tiempo, me escondía de mis amigos y conocidos, me revolcaba en el dolor y parecía, que quería morirme. Pero no.
En un momento quise, pero luego se me pasó.
En resumen, era un zombie que además, huía de cualquier contacto personal. Sentí vergüenza por haber fracasado en un proyecto al que nadie le veía pies ni cabeza, sentía que me juzgaban, que era señalada por haber luchado contra el mundo por algo que simplemente, ya no tenía.
Y así pasé tres años.
Después, un día en el dos mil trece, desperté.
Me di cuenta de todo lo que me estaba perdiendo, de todo lo que había cambiado mientras yo me escondía, de lo diferente que lucía el mundo desde aquella noche.
y Sentí mucho coraje. Quien iba a devolverme el tiempo que yo no había estado en mi vida?
Quien iba a ayudarme a recuperar todo ese montón de días que no había sonreído? Quien iba a cambiar ese horrible reflejo en mi espejo?
Por que lo primero que hice al abrir los ojos, fue mirarme al espejo.
Me conozco bien, y esa, no era yo.
Mis ojos estaban apagados, mis labios resecos, mis manos maltratadas y cubiertas de cicatrices, no había un rastro de alegría en mi semblante y yo, no estaba.
Lo primero fue sentirme triste, vacía y al último, perdida.
No sabía quien era yo, si aún me esperaba un lugar en el mundo, si aún alguno de mis amigos, era mi amigo, si yo seguía siendo yo o ya era alguien más.
Y lloré.
Después de llorar, sequé mis lágrimas, y decidí ¿comenzar?
Algo así.
Como primer paso, me inscribí en un curso de una materia desconocida, me reté, me probé y superé.
Encontré que en lo desconocido, se puede encontrar una parte de lo que eres, conocí gente y lo más importante, sonreí.
Me di cuenta que por fin había dado el primer paso y el segundo, me aguardaba.
Superé mi vergüenza por el fracaso y acepté que el amor no siempre es un buen negocio, que los proyectos a veces no funcionan pero que de todo se aprende.
Mis amigos, los verdaderos, me tendieron la mano una vez más y como extra, me hicieron parte de su familia y me sentí amada. Me di cuenta que tampoco estaba sola.
Busqué ayuda.
Por una vez, acepté que no puedo hacerlo todo yo sola y que de vez en cuando está bien que alguien te diga cómo hacerlo.
Por fin dejé de pensar: ¿qué habría pasado si...?
Ciclos se cerraron y otros se abrieron.
La/lo que soy, se empezó a revelar a cada paso.
Encontré nuevas pasiones y reafirmé las viejas.
Sé quien soy y quien ya no.
Tomé un camino a no sé dónde, pero me ha hecho muy feliz.
Eso fue el dos mil trece, el año impar. Despertar, tomar fuerza y echarme a andar. Recordar que soy fuerte y que mi sonrisa es hermosa, que soy valiente, que amo profundamente y que nunca, jamás, dejaré de ser yo.
Mi número de suerte es el ocho, nací el segundo mes del año, día impar, de un año impar pero bisiesto.
Una de las mayores hecatombes en mi vida, sucedió un año par. Dos mil diez para ser exactos.
Ese año, en el onceavo mes, caí en un coma profundo. Un coma que me duró tres años. Un coma figurado, pero no por eso, menos grave.
El rompimiento con una persona a la creí el amor de mi vida, fue tan doloroso que a partir de ese momento no supe más de mi.
Perdí la consciencia, la razón, las ganas de vivir y cada uno de mis sentidos.
Era como un zombie. Me arrastraba, lloraba todo el tiempo, me escondía de mis amigos y conocidos, me revolcaba en el dolor y parecía, que quería morirme. Pero no.
En un momento quise, pero luego se me pasó.
En resumen, era un zombie que además, huía de cualquier contacto personal. Sentí vergüenza por haber fracasado en un proyecto al que nadie le veía pies ni cabeza, sentía que me juzgaban, que era señalada por haber luchado contra el mundo por algo que simplemente, ya no tenía.
Y así pasé tres años.
Después, un día en el dos mil trece, desperté.
Me di cuenta de todo lo que me estaba perdiendo, de todo lo que había cambiado mientras yo me escondía, de lo diferente que lucía el mundo desde aquella noche.
y Sentí mucho coraje. Quien iba a devolverme el tiempo que yo no había estado en mi vida?
Quien iba a ayudarme a recuperar todo ese montón de días que no había sonreído? Quien iba a cambiar ese horrible reflejo en mi espejo?
Por que lo primero que hice al abrir los ojos, fue mirarme al espejo.
Me conozco bien, y esa, no era yo.
Mis ojos estaban apagados, mis labios resecos, mis manos maltratadas y cubiertas de cicatrices, no había un rastro de alegría en mi semblante y yo, no estaba.
Lo primero fue sentirme triste, vacía y al último, perdida.
No sabía quien era yo, si aún me esperaba un lugar en el mundo, si aún alguno de mis amigos, era mi amigo, si yo seguía siendo yo o ya era alguien más.
Y lloré.
Después de llorar, sequé mis lágrimas, y decidí ¿comenzar?
Algo así.
Como primer paso, me inscribí en un curso de una materia desconocida, me reté, me probé y superé.
Encontré que en lo desconocido, se puede encontrar una parte de lo que eres, conocí gente y lo más importante, sonreí.
Me di cuenta que por fin había dado el primer paso y el segundo, me aguardaba.
Superé mi vergüenza por el fracaso y acepté que el amor no siempre es un buen negocio, que los proyectos a veces no funcionan pero que de todo se aprende.
Mis amigos, los verdaderos, me tendieron la mano una vez más y como extra, me hicieron parte de su familia y me sentí amada. Me di cuenta que tampoco estaba sola.
Busqué ayuda.
Por una vez, acepté que no puedo hacerlo todo yo sola y que de vez en cuando está bien que alguien te diga cómo hacerlo.
Por fin dejé de pensar: ¿qué habría pasado si...?
Ciclos se cerraron y otros se abrieron.
La/lo que soy, se empezó a revelar a cada paso.
Encontré nuevas pasiones y reafirmé las viejas.
Sé quien soy y quien ya no.
Tomé un camino a no sé dónde, pero me ha hecho muy feliz.
Eso fue el dos mil trece, el año impar. Despertar, tomar fuerza y echarme a andar. Recordar que soy fuerte y que mi sonrisa es hermosa, que soy valiente, que amo profundamente y que nunca, jamás, dejaré de ser yo.
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Inspiración,
Lo que no me atrevo a decir,
Maxita,
Recuerdos,
ya me cayó el veinte,
Yo
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