No sé cómo actuar contigo.
Sé por lo que estás pasando pues es la misma cosa en la que viví atrapada varios años.
Comprendo que no puedo evitarte el dolor, que no puedo hacer nada para que vivas ese duelo y que no encontraré palabras para que sientas, al menos, un poco menos de tristeza.
Llevo días tratando de decirte cómo es que me siento yo con lo que hemos vivido pero no encuentro la forma correcta.
Quizá no la haya y eso me asusta.
Me asusta perderte (de nuevo).
Aunque siempre supe que lo nuestro no funcionaria, no puedo no sentir lo que estoy sintiendo.
Creo que es solamente, que me he vuelto a enamorar de ti.
Ni siquiera yo sé como debería interpretar eso, no espero que lo hagas tu.
Entendí, hace unos meses, que la persona de la que me enamore antes, nada tiene qué ver con quien eres en realidad. Entendí también, que en realidad, no te conocía. Que fue un amor al vapor y un tanto absurdo.
Hoy, te conozco, Sé quien eres y cómo eres, Conozco lo peor de ti y aún así, te amo.
Quiero estar todo el tiempo contigo, quiero llevarte a dónde quiera que voy, quiero llamarte todo el tiempo "decirte que el tráfico es terrible, que el perro no quiso comer hoy"...
Quiero ser parte de ti, quiero ser uno más de tus defectos.
Y entonces, cuando estoy por decírtelo, por escribirte la mejor de mis cartas, me dices que jamás te enamorarás de nuevo, que incluso a mi lado sigues pensando en ella, que nada he hecho por que te sientas mejor. Y me derrumbo.
Y no te lo digo.
Pero cuando estoy sola, en silencio, lloro. Lloro por que me duele que no me quieras, que no seas ni un poco observador, que no te hayas dado cuenta de que cuando digo te amo, lo digo estúpidamente en serio.
No es tu culpa, lo sé.
Entiendo que solo te estoy haciendo mal, que este amor tan enfermo solo te perjudica, que mi afán de protegerte solo te está enfermando más...
No quiero despedirme, por que seguiré aquí para ti, como lo prometí.
Solo, empezaré a respetar tu dolor, a no obligarte a estar cerca de mi, dejaré de perseguirte, de atosigarte.
Discúlpame, jamás quise hacerte daño.
Amo tus ojos tristes y tus manos frías.
Amo lo que eres en verdad.
No mentí la primera vez, cuando te dije que te amaría siempre y a pesar de todo...
La historia comienza cuando traté de contar mi historia. Sin querer, mi blog se llenó de cuentos, realidades, ficciones, amores, desamores, tristezas y alegrías. Esa es la verdadera historia
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8 de septiembre de 2014
Unread II
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Yo
27 de marzo de 2014
Sigue el viaje...
Sigue mi recorrido por el país y ahora, me pasé cerca de 4 semanas en Huauchinango, Puebla.
Confieso que me la he pasado increíble y que además, la gente de la que me vi rodeada, además de amable, ha sido clave en mi aprendizaje de temas diversos, pero sobre todo, personales.
Nunca he empatado con aquellos que hablan de politica, cambios, revoluciones, pobreza o cualquier otro tema que requiera involucrarse, si no lo hacen involucrados.
Los cambios siempre requerirán de esfuerzo, lo sé.
No es lo mismo hablar de pobreza, que vivir en ella o compartir el pan con quienes la padecen.
No será nunca lo mismo, compartir información en facebook, que salir a la calle a enseñar a la gente.
No sabes la riqueza de tu país, si no te pierdes entre sus campos, en sus caminos o en sus montañas...
Hoy mis ideas se van aclarando.
Mantengo la postura y ahora, hablo de cosas que conozco.
Comparto el pan con niños que llevan días sin comer, me siento a la mesa de mujeres que cargan a sus bebés en rebozos de colores mientras echan tortillas, recorro enormes distancias con gente que busca comunidades para enseñarles, para ponerlos al pie de lucha y para contarles, que pueden tener ayuda si se organizan.
Les hablan de cambio, de revolución, de gobiernos injustos y les explican que aún les quedan opciones, que sí hay caminos y que tienen derechos.
Increible! Muchos no saben que tienen derechos.
Pero así pasaron esos días allá, caminando entre el lodo, abordando un auto movido entre la espesa niebla de los cerros, caminando entre matorrales como en las peliculas, haciendome entender entre personas que solo hablan nahuatl, entre personas que no saben escribir ni leer...
Y mantengo la esperanza, hay mucho trabajo, hay caminos, hay oportunidad, solo falta decidirnos y cambiar, involucrarnos y sobre todo, comprometernos.
Así van pasando mis días, aprendiendo, conociendo y esperanzando...
Confieso que me la he pasado increíble y que además, la gente de la que me vi rodeada, además de amable, ha sido clave en mi aprendizaje de temas diversos, pero sobre todo, personales.
Nunca he empatado con aquellos que hablan de politica, cambios, revoluciones, pobreza o cualquier otro tema que requiera involucrarse, si no lo hacen involucrados.
Los cambios siempre requerirán de esfuerzo, lo sé.
No es lo mismo hablar de pobreza, que vivir en ella o compartir el pan con quienes la padecen.
No será nunca lo mismo, compartir información en facebook, que salir a la calle a enseñar a la gente.
No sabes la riqueza de tu país, si no te pierdes entre sus campos, en sus caminos o en sus montañas...
Hoy mis ideas se van aclarando.
Mantengo la postura y ahora, hablo de cosas que conozco.
Comparto el pan con niños que llevan días sin comer, me siento a la mesa de mujeres que cargan a sus bebés en rebozos de colores mientras echan tortillas, recorro enormes distancias con gente que busca comunidades para enseñarles, para ponerlos al pie de lucha y para contarles, que pueden tener ayuda si se organizan.
Les hablan de cambio, de revolución, de gobiernos injustos y les explican que aún les quedan opciones, que sí hay caminos y que tienen derechos.
Increible! Muchos no saben que tienen derechos.
Pero así pasaron esos días allá, caminando entre el lodo, abordando un auto movido entre la espesa niebla de los cerros, caminando entre matorrales como en las peliculas, haciendome entender entre personas que solo hablan nahuatl, entre personas que no saben escribir ni leer...
Y mantengo la esperanza, hay mucho trabajo, hay caminos, hay oportunidad, solo falta decidirnos y cambiar, involucrarnos y sobre todo, comprometernos.
Así van pasando mis días, aprendiendo, conociendo y esperanzando...
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18 de febrero de 2014
Fiebre de sábado por la noche.
Pensé que el sábado sería un día de completo descanso, me estaba enfermando de gripa y me sentía en realidad agotada de las compras que hice.
Sonó mi teléfono a eso de las ocho. Tenía que ir a la oficina a revisar que todo estuviera funcionando perfecto.
Salí de casa con los audífonos puestos y tomé primero el microbus y después el metro. Transbordé en Pino Suarez y tome la línea rosa. Llegué a Insurgentes y caminé hacia la calle donde está el Cuartel.
Mientras caminaba por la glorieta, me acordé de cuando conocí a Roberto. Era un tipo estúpidamente guapo que vendía inciensos para ganarse la vida. Era venezolano y había venido aquí a probar suerte. Según supe, vivía en un departamento con otras diez personas, consumía drogas de vez en cuando y había dejado la universidad buscando forjarse un futuro en México. Tenía ideas políticas muy radicales y un alma libre. Me encantaba. Un día desapareció.
Sonreí mientras en mis oídos sonaba "yumaye".
Me vi a mi misma diez años atrás. Tomaba el mismo camino, caminaba exactamente sobre los mismos pasos y me sentía, casi de la misma forma. Sin encajar del todo.
Tres años de la carrera caminé esas calles.
Y ahora, de nuevo, se volvían mías.
Miré el edificio dónde siempre he querido vivir, llegue a la entrada del Cuartel y me acordé de aquella gente que me daba miedo (ahora es la gente con la que trabajo y a la que le sonrío cada día), de la gente que consideré un montón de perdedores (que ahora son mis jefes), de aquello que creí que estaba tan lejana que jamás me tocaría (y de lo que hoy me da de comer)...
Cuanto cambia la vida mientras pasas de estudiar, a ganarte la vida con tu propio esfuerzo!
Cuanto cambia tu perspectiva y cuanto te doblega la vida!
Que humilde te vuelves si entiendes lo que la vida trata de decirte y qué fuerte te tornas cuando nada sale como esperabas...
No sé si es mi exceso de reflexión de estos días, pero, me alegré de estar dónde estoy, de tener un trabajo, de ganarme la vida aceptando cada reto que aparece, de no avergonzarme de lo que hago y, como dice mi doc, ser consciente de que cada trabajo dignifica.
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15 de febrero de 2014
Yo no quiero Catorce de Febrero...
...Ni cumpleaños Feliz, dice Sabina.
y yo andaba exactamente en ese mood.
Cuando eres soltero por decisión de tu ex, la verdad es que viajar en el metro entre globos, muñequitos de peluche y novios metiéndose mano, se convierte en una verdadera tortura.Sin embargo a mi me pasó algo muy curioso.
Mientras corría a la oficina por la tarde, me di cuenta de que era un día más. No envidié a los novios metiéndose mano, ni a las que recibieron flores, ni a quienes llevaron a comer tacos (bueno, a esos sí), al contrario, pensé que todos ellos eran quienes debían serntir envidia por mi.
No, no es mi ego, es que por fin, le di sentido a eso del amor y la amistad.
El catorce de febrero para muchos, se convirtió en una fecha creada por el marketing, para otros, un día en el que el mundo expía sus culpas y para los solteros, en el día que más odian por andar de #foreveralone.
Para mi no es nada de lo anterior. Nunca lo fue. Siempre me pareció un buen pretexto para dar regalitos o mandar cartas de amor a esas personas a las que jamás me atreví a hablarles en el día a día.
Pero ayer, todo cobró un nuevo sentido.
BS y yo caminábamos por la zona rosa, yo salía de la oficina y nos disponíamos a cenar, ella odiaba cada pareja enamorada que nos topabamos y yo me reí cuando un ENORME oso de peluche me atropelló.Creo que fue justo ahí cuando pasó.
Me di cuenta que no solo no odiaba el día del amor y la amistad, si no que, de verdad, me parecía un día más. Hice un recuento mental.
Entendí que el AMOR es que alguien tome tu mano mientras estás enfermo, que escuches una voz familiar al teléfono mientras te encuentras lejos y te digan que te extrañan, es que te acepten con tu millón de defectos, es acariciar su cabello mientras te cuenta lo que le preocupa, es abrir la puerta y encontrarte con una orden de tacos al pastor, es que mientras sientes que el mundo se derrumba él tomé tu mano y te prometa que todo estará bien, es poner un curita en una rodilla raspada, es secar lágrimas...
Que la AMISTAD es que alguien a quien no te une un lazo de sangre permanezca a tu lado en la peor de tus tormentas, que te responda una llamada a las 3am por que sabe que estás triste, que te mande un mensaje con carita feliz solo por que sí, que sea tu cómplice incluso si vas a destrozar el auto de tu ex, que te visite de madrugada por que no sabía a quien recurrir, que te acompañe a comprar maquillaje aunque él no lo use, que te haga reír cuando no tienes ganas, que levante tu animo cuando él se siente peor, que te saque de casa para orearte cuando te enmoheces, que te obligue a bañarte cuando andas depre, que te compre nachos cuando van al cine, que nunca, nunca, te abandone.
Y eso, eso jamás pasa un Catorce de Febrero...
y yo andaba exactamente en ese mood.
Cuando eres soltero por decisión de tu ex, la verdad es que viajar en el metro entre globos, muñequitos de peluche y novios metiéndose mano, se convierte en una verdadera tortura.Sin embargo a mi me pasó algo muy curioso.
Mientras corría a la oficina por la tarde, me di cuenta de que era un día más. No envidié a los novios metiéndose mano, ni a las que recibieron flores, ni a quienes llevaron a comer tacos (bueno, a esos sí), al contrario, pensé que todos ellos eran quienes debían serntir envidia por mi.
No, no es mi ego, es que por fin, le di sentido a eso del amor y la amistad.
El catorce de febrero para muchos, se convirtió en una fecha creada por el marketing, para otros, un día en el que el mundo expía sus culpas y para los solteros, en el día que más odian por andar de #foreveralone.
Para mi no es nada de lo anterior. Nunca lo fue. Siempre me pareció un buen pretexto para dar regalitos o mandar cartas de amor a esas personas a las que jamás me atreví a hablarles en el día a día.
Pero ayer, todo cobró un nuevo sentido.
BS y yo caminábamos por la zona rosa, yo salía de la oficina y nos disponíamos a cenar, ella odiaba cada pareja enamorada que nos topabamos y yo me reí cuando un ENORME oso de peluche me atropelló.Creo que fue justo ahí cuando pasó.
Me di cuenta que no solo no odiaba el día del amor y la amistad, si no que, de verdad, me parecía un día más. Hice un recuento mental.
Entendí que el AMOR es que alguien tome tu mano mientras estás enfermo, que escuches una voz familiar al teléfono mientras te encuentras lejos y te digan que te extrañan, es que te acepten con tu millón de defectos, es acariciar su cabello mientras te cuenta lo que le preocupa, es abrir la puerta y encontrarte con una orden de tacos al pastor, es que mientras sientes que el mundo se derrumba él tomé tu mano y te prometa que todo estará bien, es poner un curita en una rodilla raspada, es secar lágrimas...
Que la AMISTAD es que alguien a quien no te une un lazo de sangre permanezca a tu lado en la peor de tus tormentas, que te responda una llamada a las 3am por que sabe que estás triste, que te mande un mensaje con carita feliz solo por que sí, que sea tu cómplice incluso si vas a destrozar el auto de tu ex, que te visite de madrugada por que no sabía a quien recurrir, que te acompañe a comprar maquillaje aunque él no lo use, que te haga reír cuando no tienes ganas, que levante tu animo cuando él se siente peor, que te saque de casa para orearte cuando te enmoheces, que te obligue a bañarte cuando andas depre, que te compre nachos cuando van al cine, que nunca, nunca, te abandone.
Y eso, eso jamás pasa un Catorce de Febrero...
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12 de febrero de 2014
Cumpleaños Feliz
"La edad no es cosa de años, es cosa de experiencias" le dije a Billy cuando recién lo conocí.
"Estoy de acuerdo, se trata de las cosas que vives y lo que aprendes de ellas, no del número de años" me contestó.
Fue nuestra última charla.
Me habría gustado conocerlo más, pero hay personas y cosas que suceden solo una vez. Él era de esas.
Si tuviera que asignarme una edad basándome en las experiencias, diría que tengo cerca de ochenta o tal vez más sin embargo apenas cuento 33.
Estos días he estado haciendo un resumen de las historias que he vivido y me di cuenta que no me arrepiento de ninguna.
Cada lección aprendida ha tenido un costo alto y, sin bronca, lo cubriría una y otra vez.
Tengo excelentes historias, algunas divertidas, otras de verdad conmovedoras, pero las lecciones, las mejores, me han dejado con el cuerpo descarnado y las heridas supurando y a pesar de todo, he sobrevivido.
Y sigo. Sigo adelante, con sueños, con esperanzas, con expectativas, con ilusiones, con proyectos, con aquellas cosas que jamás se harán realidad, pero de las que he tenido que agarrarme con todas mis fuerzas para levantarme una y otra vez...
Roy decía que si yo hubiera sido bonita, jamás me habría convertido en la persona que soy y tiene razón.
Soy uno de esos libros que tienes que comenzar a leer para decidir si te gusta o no.
Y es justo mi pasta la que me ha llevado a vivir lo que he vivido, a formar mi filosofía de la vida, a decidir lo que quiero y lo que no, lo que me ha guiado, lo que me ha enseñado a no ser pero también, lo que en su momento, me llevó a convertirme en todo lo que odié.
Soy un amasijo de experiencias, defectos, virtudes, risas, sueños, planes, lágrimas y alcohol. Me he añejado ya treinta y tres años, y nunca, jamás, me había sentido tan feliz.
Así que, Salud! Por cada año vivido y por cada experiencia adquirida, por todo aquello que nunca tendré, por aquellos que no han querido quedarse, por los que un día me dejaron de amar y por quienes sucedieron una vez.
Gracias a cada uno por que sin ustedes, no sería quien soy ni sabría el inmenso valor que tengo, mucho menos sabría que en el peor momento de la tormenta puedo estar llena de paz.
Y a quienes suceden cada día a mi lado, no tengo palabras para agradecer su abrigo y su amor.
"Estoy de acuerdo, se trata de las cosas que vives y lo que aprendes de ellas, no del número de años" me contestó.
Fue nuestra última charla.
Me habría gustado conocerlo más, pero hay personas y cosas que suceden solo una vez. Él era de esas.
Si tuviera que asignarme una edad basándome en las experiencias, diría que tengo cerca de ochenta o tal vez más sin embargo apenas cuento 33.
Estos días he estado haciendo un resumen de las historias que he vivido y me di cuenta que no me arrepiento de ninguna.
Cada lección aprendida ha tenido un costo alto y, sin bronca, lo cubriría una y otra vez.
Tengo excelentes historias, algunas divertidas, otras de verdad conmovedoras, pero las lecciones, las mejores, me han dejado con el cuerpo descarnado y las heridas supurando y a pesar de todo, he sobrevivido.
Y sigo. Sigo adelante, con sueños, con esperanzas, con expectativas, con ilusiones, con proyectos, con aquellas cosas que jamás se harán realidad, pero de las que he tenido que agarrarme con todas mis fuerzas para levantarme una y otra vez...
Roy decía que si yo hubiera sido bonita, jamás me habría convertido en la persona que soy y tiene razón.
Soy uno de esos libros que tienes que comenzar a leer para decidir si te gusta o no.
Y es justo mi pasta la que me ha llevado a vivir lo que he vivido, a formar mi filosofía de la vida, a decidir lo que quiero y lo que no, lo que me ha guiado, lo que me ha enseñado a no ser pero también, lo que en su momento, me llevó a convertirme en todo lo que odié.
Soy un amasijo de experiencias, defectos, virtudes, risas, sueños, planes, lágrimas y alcohol. Me he añejado ya treinta y tres años, y nunca, jamás, me había sentido tan feliz.
Así que, Salud! Por cada año vivido y por cada experiencia adquirida, por todo aquello que nunca tendré, por aquellos que no han querido quedarse, por los que un día me dejaron de amar y por quienes sucedieron una vez.
Gracias a cada uno por que sin ustedes, no sería quien soy ni sabría el inmenso valor que tengo, mucho menos sabría que en el peor momento de la tormenta puedo estar llena de paz.
Y a quienes suceden cada día a mi lado, no tengo palabras para agradecer su abrigo y su amor.
SALUD!!!
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6 de enero de 2014
Dos Mil Trece.
A mi los números impares no me funcionan, aunque, tampoco los pares.
Mi número de suerte es el ocho, nací el segundo mes del año, día impar, de un año impar pero bisiesto.
Una de las mayores hecatombes en mi vida, sucedió un año par. Dos mil diez para ser exactos.
Ese año, en el onceavo mes, caí en un coma profundo. Un coma que me duró tres años. Un coma figurado, pero no por eso, menos grave.
El rompimiento con una persona a la creí el amor de mi vida, fue tan doloroso que a partir de ese momento no supe más de mi.
Perdí la consciencia, la razón, las ganas de vivir y cada uno de mis sentidos.
Era como un zombie. Me arrastraba, lloraba todo el tiempo, me escondía de mis amigos y conocidos, me revolcaba en el dolor y parecía, que quería morirme. Pero no.
En un momento quise, pero luego se me pasó.
En resumen, era un zombie que además, huía de cualquier contacto personal. Sentí vergüenza por haber fracasado en un proyecto al que nadie le veía pies ni cabeza, sentía que me juzgaban, que era señalada por haber luchado contra el mundo por algo que simplemente, ya no tenía.
Y así pasé tres años.
Después, un día en el dos mil trece, desperté.
Me di cuenta de todo lo que me estaba perdiendo, de todo lo que había cambiado mientras yo me escondía, de lo diferente que lucía el mundo desde aquella noche.
y Sentí mucho coraje. Quien iba a devolverme el tiempo que yo no había estado en mi vida?
Quien iba a ayudarme a recuperar todo ese montón de días que no había sonreído? Quien iba a cambiar ese horrible reflejo en mi espejo?
Por que lo primero que hice al abrir los ojos, fue mirarme al espejo.
Me conozco bien, y esa, no era yo.
Mis ojos estaban apagados, mis labios resecos, mis manos maltratadas y cubiertas de cicatrices, no había un rastro de alegría en mi semblante y yo, no estaba.
Lo primero fue sentirme triste, vacía y al último, perdida.
No sabía quien era yo, si aún me esperaba un lugar en el mundo, si aún alguno de mis amigos, era mi amigo, si yo seguía siendo yo o ya era alguien más.
Y lloré.
Después de llorar, sequé mis lágrimas, y decidí ¿comenzar?
Algo así.
Como primer paso, me inscribí en un curso de una materia desconocida, me reté, me probé y superé.
Encontré que en lo desconocido, se puede encontrar una parte de lo que eres, conocí gente y lo más importante, sonreí.
Me di cuenta que por fin había dado el primer paso y el segundo, me aguardaba.
Superé mi vergüenza por el fracaso y acepté que el amor no siempre es un buen negocio, que los proyectos a veces no funcionan pero que de todo se aprende.
Mis amigos, los verdaderos, me tendieron la mano una vez más y como extra, me hicieron parte de su familia y me sentí amada. Me di cuenta que tampoco estaba sola.
Busqué ayuda.
Por una vez, acepté que no puedo hacerlo todo yo sola y que de vez en cuando está bien que alguien te diga cómo hacerlo.
Por fin dejé de pensar: ¿qué habría pasado si...?
Ciclos se cerraron y otros se abrieron.
La/lo que soy, se empezó a revelar a cada paso.
Encontré nuevas pasiones y reafirmé las viejas.
Sé quien soy y quien ya no.
Tomé un camino a no sé dónde, pero me ha hecho muy feliz.
Eso fue el dos mil trece, el año impar. Despertar, tomar fuerza y echarme a andar. Recordar que soy fuerte y que mi sonrisa es hermosa, que soy valiente, que amo profundamente y que nunca, jamás, dejaré de ser yo.
Mi número de suerte es el ocho, nací el segundo mes del año, día impar, de un año impar pero bisiesto.
Una de las mayores hecatombes en mi vida, sucedió un año par. Dos mil diez para ser exactos.
Ese año, en el onceavo mes, caí en un coma profundo. Un coma que me duró tres años. Un coma figurado, pero no por eso, menos grave.
El rompimiento con una persona a la creí el amor de mi vida, fue tan doloroso que a partir de ese momento no supe más de mi.
Perdí la consciencia, la razón, las ganas de vivir y cada uno de mis sentidos.
Era como un zombie. Me arrastraba, lloraba todo el tiempo, me escondía de mis amigos y conocidos, me revolcaba en el dolor y parecía, que quería morirme. Pero no.
En un momento quise, pero luego se me pasó.
En resumen, era un zombie que además, huía de cualquier contacto personal. Sentí vergüenza por haber fracasado en un proyecto al que nadie le veía pies ni cabeza, sentía que me juzgaban, que era señalada por haber luchado contra el mundo por algo que simplemente, ya no tenía.
Y así pasé tres años.
Después, un día en el dos mil trece, desperté.
Me di cuenta de todo lo que me estaba perdiendo, de todo lo que había cambiado mientras yo me escondía, de lo diferente que lucía el mundo desde aquella noche.
y Sentí mucho coraje. Quien iba a devolverme el tiempo que yo no había estado en mi vida?
Quien iba a ayudarme a recuperar todo ese montón de días que no había sonreído? Quien iba a cambiar ese horrible reflejo en mi espejo?
Por que lo primero que hice al abrir los ojos, fue mirarme al espejo.
Me conozco bien, y esa, no era yo.
Mis ojos estaban apagados, mis labios resecos, mis manos maltratadas y cubiertas de cicatrices, no había un rastro de alegría en mi semblante y yo, no estaba.
Lo primero fue sentirme triste, vacía y al último, perdida.
No sabía quien era yo, si aún me esperaba un lugar en el mundo, si aún alguno de mis amigos, era mi amigo, si yo seguía siendo yo o ya era alguien más.
Y lloré.
Después de llorar, sequé mis lágrimas, y decidí ¿comenzar?
Algo así.
Como primer paso, me inscribí en un curso de una materia desconocida, me reté, me probé y superé.
Encontré que en lo desconocido, se puede encontrar una parte de lo que eres, conocí gente y lo más importante, sonreí.
Me di cuenta que por fin había dado el primer paso y el segundo, me aguardaba.
Superé mi vergüenza por el fracaso y acepté que el amor no siempre es un buen negocio, que los proyectos a veces no funcionan pero que de todo se aprende.
Mis amigos, los verdaderos, me tendieron la mano una vez más y como extra, me hicieron parte de su familia y me sentí amada. Me di cuenta que tampoco estaba sola.
Busqué ayuda.
Por una vez, acepté que no puedo hacerlo todo yo sola y que de vez en cuando está bien que alguien te diga cómo hacerlo.
Por fin dejé de pensar: ¿qué habría pasado si...?
Ciclos se cerraron y otros se abrieron.
La/lo que soy, se empezó a revelar a cada paso.
Encontré nuevas pasiones y reafirmé las viejas.
Sé quien soy y quien ya no.
Tomé un camino a no sé dónde, pero me ha hecho muy feliz.
Eso fue el dos mil trece, el año impar. Despertar, tomar fuerza y echarme a andar. Recordar que soy fuerte y que mi sonrisa es hermosa, que soy valiente, que amo profundamente y que nunca, jamás, dejaré de ser yo.
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15 de diciembre de 2013
veintes...
Hasta el día de hoy voy asimilando varias cosas que me han pasado de unos meses a la fecha.
No tuve tiempo de asimilarlo; sorpresas poco afortunadas ocuparon mi mente por muchos días.
Desde ayer me voy sintiendo más triste.. y mientras más lo pienso, menos sé qué hacer.
Un matrimonio, un ciclo cerrado, una aparición, una llamada, un accidente, una soledad tan concurrida y yo.
Estoy confundida, perdida y sobre todo, triste.
Tomé mi decisión pero, me duele hasta el tuétano cumplirla.
Una parte de mí en realidad, desea llevar la contraria, pero ya me cansé.
Me cansé de ir por la vida dando tumbos, cerrando ciclos y mirando a otro lado para seguir caminando como si nada pasara.
Me cansé de escuchar tantos "no, gracias".
Me cansé de solo ser el último recurso de los demás.
Me cansé de esperar.
Sé que tengo el derecho a sentirme triste, y lo hago.
Tengo la esperanza de que un día de estos, respetar mis decisiones, no sea tan complicado...
No tuve tiempo de asimilarlo; sorpresas poco afortunadas ocuparon mi mente por muchos días.
Desde ayer me voy sintiendo más triste.. y mientras más lo pienso, menos sé qué hacer.
Un matrimonio, un ciclo cerrado, una aparición, una llamada, un accidente, una soledad tan concurrida y yo.
Estoy confundida, perdida y sobre todo, triste.
Tomé mi decisión pero, me duele hasta el tuétano cumplirla.
Una parte de mí en realidad, desea llevar la contraria, pero ya me cansé.
Me cansé de ir por la vida dando tumbos, cerrando ciclos y mirando a otro lado para seguir caminando como si nada pasara.
Me cansé de escuchar tantos "no, gracias".
Me cansé de solo ser el último recurso de los demás.
Me cansé de esperar.
Sé que tengo el derecho a sentirme triste, y lo hago.
Tengo la esperanza de que un día de estos, respetar mis decisiones, no sea tan complicado...
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